Despertar
atada a tus caderas,
no recordar, hasta que te conocí,
ni mi nombre ni la mujer que era.
Esperar que me llenes tú,
no la madrugada,
y dejarme caer
rompiendo las invisibles cuerdas que me atan.
Sentir el fino palpitar
de tu alma en mi cintura,
adueñarme de tu carne,
dejarte ir,
volver a amarte.
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